La primera vez que tuve contacto con la
educación de adultos, fue cuando recién había dejado de ir al CCH. Un amigo que
era guía de primaria del INEA en un campamento de limpia en la Delegación Benito
Juárez, salía de vacaciones y me ofreció quedarme en su lugar un par de semanas.
Así que allí estuve con un pequeño grupo de hombre adultos, todos mayores que
yo, en promedio treintañeros. Pasé la primera mañana intentando descifrar los
ejercicios del libro, y sinceramente ni ellos ni yo entendíamos nada. Al
segundo día, me di cuenta que mi error era pensar que ellos no sabían de lo que
estábamos hablando, cuando en realidad, el tema que estábamos abordando (áreas
de formas geométricas) era bien conocido para ellos, aunque quizás desde un
punto de vista empírico. Una vez que me di cuenta de eso, comencé entonces a indagar
primero cuánto sabían sobre cualquier tema, y entonces abordarlo de acuerdo a
su experiencia y a lo que decía el libro.
Esta experiencia me hace pensar que
además de cierta formación académica, una persona que se dedica a la educación
de adultos necesita de ciertas cualidades, o como se utiliza hoy en día,
competencias. El propósito de este escrito es tener un panorama de cuáles
deberían de ser esas características o requisitos a cubrir, de una persona que
se dedica a la educación de adultos, independientemente del nivel en el que
enseñe.
Recomendaciones para los educadores de
Adultos
Quizá aquella corta experiencia que
tuve como guía en su momento, no sea un caso tan singular después de todo. Muchos
formadores de adultos, sobre todo en niveles de educación básica, son personas
con más buenas intenciones que preparación o formación académica alguna.
Muestra de ello es el estudio que realiza la doctora María Mercedes Ruíz Muñoz[1], investigadora del Centro
de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional
(Cinvestav), en dos centros de estudio en zonas urbano marginales de la Ciudad
de México, uno en Tepito y otro en Cerro del Judío. Este caso muestra dos
puntos interesantes, el primero, que en efecto, hay personas que se dedican a
la educación de adultos y van adquiriendo y mejorando sus técnicas y métodos de
enseñanza con el tiempo y a través de la experiencia. En segundo lugar, que la
mayoría de quienes a esto se dedican, cumplen con una función social muy
importante, al ser un punto de enlace entre la educación y la comunidad, pues
en la mayoría de las veces forman parte de la misma.
Esto nos lleva a la primera gran
recomendación: un educador de adultos debe comportarse en todo momento como un
guía en la construcción del conocimiento del adulto, que aprende a la par de
los alumnos. Es muy diferente de cuando se enseña a niños, quienes suelen no
cuestionar. En el caso de los adultos, sus experiencias aportan valiosos
ejemplos y complementan los temas tratados[2].
Es importante también que el educador
conozca tanto el modelo educativo de la institución en la que desarrollará su
actividad, como los materiales que utilizará durante el curso. Así mismo, debe
preparar de antemano las sesiones y tener en cuenta cómo será la evaluación del
curso. Si forma parte de la comunidad en la que enseña, estará al tanto de las
noticias de la localidad, por lo que le será fácil relacionarlas con los temas
tratados. En caso de que no sea así, deberá ponerse al corriente con los
acontecimientos más relevantes que les hayan ocurrido a sus alumnos. Esto con
el fin de crear un ambiente de confianza y comunicación que sirva para que la
sesión se desarrolle lo mejor posible[3],[4].
El educador de adultos en el SUAyED
En un artículo anterior mencionaba
algunos aspectos sobre cómo aprende el adulto, y cómo es el proceso de
aprendizaje del adulto en el modelo del Sistema de Universidad Abierta y
Educación a Distancia (SUAyED) de la UNAM, en la modalidad de Universidad Abierta,
veamos ahora el caso de los docentes de dicho sistema.
En el caso de los docentes de
Universidad Abierta del SUAyED, tienen estudios de licenciatura y en muchos
casos de maestría y doctorado en sus respectivas áreas. Al ser un sistema con
libertad de cátedra, son los mismos docentes quienes planean las actividades,
proponen los materiales y la forma de evaluación, por lo que conocen bien los
temas a tratar en cada sesión. Si bien la mayoría proviene de educación
escolarizada, conoce y sabe cómo funciona el sistema abierto, así que planean
las sesiones a fin de que sean un espacio para resolver dudas, no tanto uno
donde lleguen a dar clases. A veces el limitante del tiempo (una hora semanal),
no permite una interacción más personal con los alumnos, sin embargo no se deja
de estar al tanto de los acontecimientos nacionales e internacionales que
impactan con los temas que se tratan en el aula.
[1]
María Mercedes Ruíz Muñoz. “Archipiélago Educativo:
Espacios de Formación del Sujeto Adulto” en Revista
Interamericana de Educación de Adultos. México, CREFAL, Año 22, Núms. 1, 2
y 3, 2000. Pp. 103-124.
[2] Vital Morales Collados. "Andragogía: La Manera Efectiva de Capacitar
Adultos" en Publicación del IST.
Chile, Instituto de Seguridad del Trabajo, primavera, 2002. Pp. 28, 29.
[3] J. M. Gutiérrez-Vázquez y Daría García. "Las competencias del
educador de adultos vistas por los propios educadores" en Decisio. Saberes para la acción en educación
de adultos. México, CREFAL, Núm. 16, Enero-Abril, 2007. Pp. 49-55.
[4] Jorge Jeria. "Determinación de las competencias del educador de
adultos en el contexto de su práctica cotidiana" en Decisio. Saberes para la acción en educación de adultos. México,
CREFAL, Núm. 16, Enero-Abril, 2007. Pp. 21-25.
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