domingo, 14 de abril de 2013

Un modelo de aprendizaje del adulto


Hace unas semanas, en una red social, uno de mis conocidos, quien es docente en una escuela privada donde tiene alumnos desde primaria hasta licenciatura, se quejaba de que a pesar de sus “esfuerzos por ser un mejor maestro" (sic), sus alumnos no sacaban buenas calificaciones. El comentario de este conocido me hizo reflexionar sobre cuál debe ser el principal objetivo cuando diseñamos un modelo educativo, o nos plantamos frente a un grupo en el aula.
El objetivo de un modelo debería ser que el alumno aprenda, lo cual puede parecernos algo obvio, pero no es así. Para muchos el principal objetivo podría ser que el alumno saque buenas calificaciones, porque en teoría, eso es sinónimo de que ha aprendido, lo cual es herencia del conductismo y su medición perceptible de la modificación de la conducta por medio del aprendizaje. Sin embargo, teorías del aprendizaje posteriores al conductismo nos dicen que existen formas diferentes de aprender y de evaluar el aprendizaje del individuo, donde el aprendizaje significativo es lo importante, así como el desarrollo pleno del alumno.[1]. 
Ahora bien, si esas confusiones del propósito de la enseñanza suelen suceder en la educación de niños y adolescentes, ¿será diferente en el caso de la educación de adultos? ¿Aprenden los adultos de la misma forma que lo hacen los niños? Por ejemplo, hace veintiún años, la UNAM creo el entonces Sistema de Universidad Abierta, convertido ahora en el Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED), con la finalidad de proporcionar un sistema flexible, el cual “permitió que se eliminaran los obstáculos de horario, lugar, edad, trabajo, etcétera, que impedían que cualquier persona que cubriera los requisitos de ingreso pudiera optar por un título universitario”[2]. ¿Cómo es el aprendizaje de un adulto alumno del Sistema Abierto del SUAyED?

Cómo aprende el adulto

¿A quién podemos considerar como un adulto? En nuestro país, un individuo se considera adulto cuando cumple dieciocho años, es entonces cuando se dice que ya alcanzó la mayoría de edad. Pero también la Ley General de Educación dice que las personas mayores de quince años son sujetas de la educación de adultos[3], esto, lejos de llevarnos a un debate legal, nos aproxima a una idea general de a quién se puede considerar adulto. En teoría, un adulto es aquella persona que ha alcanzado la madurez en ciertos aspectos de su vida y ellos se encuentran integrados, tales como los biológicos, psicológicos y sociales[4]. Se espera que el adulto sea independiente y responsable.
Esta definición del adulto nos plantea uno de los mayores retos respecto a la educación de adultos, y este reto es la diversidad, ya que la etiqueta ‘adulto’ puede ser puesta sobre personas de edades muy diferentes entre sí, diferentes escolaridades, diferente capital cultural, y un largo etcétera. Pero de esta diversidad proviene la primera observación respecto a cómo aprenden los adultos. Piaget, citado por Cascón, en un artículo de Pagliarulo sobre educación de adultos, menciona que uno de los primeros momentos del aprendizaje del adulto, es por medio de comparación, es decir, una persona con un aprendizaje previo, intentará asemejar el conocimiento nuevo, con el que ya cuenta. Si tenemos a un cocinero, buscará en su “lenguaje de cocinero” asimilar el nuevo conocimiento, de esta forma construye su aprendizaje[5].
Siguiendo con el ejemplo de un alumno de Sistema Abierto del SUAyED, éste apoya su aprendizaje en sus conocimientos previos, que pueden ser sus estudios de bachillerato u otra licenciatura, pero también su experiencia, tanto laboral como de vida. En el caso específico de un estudiante de Pedagogía en Sistema Abierto, su experiencia misma como estudiante y en algunos casos como docente, le provee un amplio marco de referencia en varios de los temas.
Ahora bien, ese planteamiento nos enfrenta a la situación de que un individuo, por estar demasiado acostumbrado a su oficio o campo de conocimiento, no pueda alcanzar las operaciones formales. Sin embargo, lejos de ser un problema que entorpezca el desarrollo cognitivo del individuo, Pagliarulo nos dice que, de acuerdo a sus propias investigaciones de corte cualitativo, aquellos individuos que no pueden alcanzar las operaciones formales, suelen alcanzar un grado de abstracción mayor e incluso, seguir con la secuencia del desarrollo intelectual. Además, su condición de adulto, compensa las operaciones formales no logradas, mediante concepciones éticas, epistemológicas y operaciones post-formales[6].
Una de las principales ayudas con las que cuenta el alumno adulto, es poder trabajar en un grupo ecléctico, donde con las participaciones e ideas de todos, colaboran en la construcción de su propio conocimiento y aprendizaje, como sucede con los adultos del Sistema Abierto, donde, a pesar de reunirse un espacio mínimo de tiempo, la forma de trabajo genera la participación de todos (o al menos de la mayoría) y permite el intercambio de opiniones.



[1] Tivisay M. Guerrero Z. y Hazel C. Flores H. “Teorías del aprendizaje y la instrucción en el diseño de materiales didácticos informáticos” en Educere: Revista venezolana de educación. Venezuela, Universidad de los Andes, No. 45, Vol. 13, Año 13, Abril-Mayo-Junio, 2009. Pp 317-329.
[2] Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia. “¿Qué es el Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyEd)?” En línea, [http://distancia.cuaed.unam.mx/img/somos.pdf]consultado el 4 de marzo de 2013.
[3] Artículo 43. Reformado el 28 de enero de 2011 en el Diario Oficial de la Federación.
[4] MINISTERIO DE EDUCACIÓN DE PERÚ. “Unidad 1. El Adulto y su formación Continua” en Compromiso de Maestro. Perú, Ministerio de Educación de Perú - Programa de Formación en Servicio, 2004. Pp. 9,10.
[5] Elisabetta Pagliarulo. “La Educación de adultos, hoy. Desafío para la Educación Superior” en Congreso Latinoamericano de Educación Superior en el Siglo XXI. En línea. [http://conedsup.unsl.edu.ar/Download_trabajos/Trabajos/Eje_3_Intituciones_Comp _Dif_Frag_Segm/Pagliarulo_Elizabetta.PDF]
[6] Idem.

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