Hace unas semanas, en una red social, uno
de mis conocidos, quien es docente en una escuela privada donde tiene alumnos desde
primaria hasta licenciatura, se quejaba de que a pesar de sus “esfuerzos por ser
un mejor maestro" (sic), sus alumnos no sacaban buenas calificaciones. El comentario
de este conocido me hizo reflexionar sobre cuál debe ser el principal objetivo cuando
diseñamos un modelo educativo, o nos plantamos frente a un grupo en el aula.
El objetivo de un modelo debería ser que
el alumno aprenda, lo cual puede parecernos algo obvio, pero no es así. Para muchos
el principal objetivo podría ser que el alumno saque buenas calificaciones, porque
en teoría, eso es sinónimo de que ha aprendido, lo cual es herencia del conductismo
y su medición perceptible de la modificación de la conducta por medio del aprendizaje.
Sin embargo, teorías del aprendizaje posteriores al conductismo nos dicen que existen
formas diferentes de aprender y de evaluar el aprendizaje del individuo, donde el aprendizaje significativo es lo importante, así como el desarrollo pleno del alumno.[1].
Ahora bien, si esas confusiones del propósito
de la enseñanza suelen suceder en la educación de niños y adolescentes, ¿será diferente
en el caso de la educación de adultos? ¿Aprenden los adultos de la misma forma que
lo hacen los niños? Por ejemplo, hace veintiún años, la UNAM creo el entonces Sistema de
Universidad Abierta, convertido ahora en el Sistema de Universidad Abierta y
Educación a Distancia (SUAyED), con la finalidad de proporcionar un sistema
flexible, el cual “permitió que se eliminaran los obstáculos de horario, lugar,
edad, trabajo, etcétera, que impedían que cualquier persona que cubriera los
requisitos de ingreso pudiera optar por un título universitario”[2].
¿Cómo es el aprendizaje de un adulto alumno del Sistema Abierto del SUAyED?
Cómo aprende el adulto
¿A quién podemos considerar como un adulto?
En nuestro país, un individuo se considera adulto cuando cumple dieciocho años,
es entonces cuando se dice que ya alcanzó la mayoría de edad. Pero también la Ley
General de Educación dice que las personas mayores de quince años son sujetas de
la educación de adultos[3],
esto, lejos de llevarnos a un debate legal, nos aproxima a una idea general de a
quién se puede considerar adulto. En teoría, un adulto es aquella persona que ha
alcanzado la madurez en ciertos aspectos de su vida y ellos se encuentran integrados,
tales como los biológicos, psicológicos y sociales[4].
Se espera que el adulto sea independiente y responsable.
Esta definición del adulto nos plantea
uno de los mayores retos respecto a la educación de adultos, y este reto es la diversidad,
ya que la etiqueta ‘adulto’ puede ser puesta sobre personas de edades muy diferentes
entre sí, diferentes escolaridades, diferente capital cultural, y un largo etcétera.
Pero de esta diversidad proviene la primera observación respecto a cómo aprenden
los adultos. Piaget, citado por Cascón, en un artículo de Pagliarulo sobre educación
de adultos, menciona que uno de los primeros momentos del aprendizaje del adulto,
es por medio de comparación, es decir, una persona con un aprendizaje previo, intentará
asemejar el conocimiento nuevo, con el que ya cuenta. Si tenemos a un cocinero,
buscará en su “lenguaje de cocinero” asimilar el nuevo conocimiento, de esta forma
construye su aprendizaje[5].
Siguiendo con el ejemplo de un alumno de
Sistema Abierto del SUAyED, éste apoya su aprendizaje en sus conocimientos previos,
que pueden ser sus estudios de bachillerato u otra licenciatura, pero también su
experiencia, tanto laboral como de vida. En el caso específico de un estudiante
de Pedagogía en Sistema Abierto, su experiencia misma como estudiante y en algunos
casos como docente, le provee un amplio marco de referencia en varios de los temas.
Ahora bien, ese planteamiento nos enfrenta
a la situación de que un individuo, por estar demasiado acostumbrado a su oficio
o campo de conocimiento, no pueda alcanzar las operaciones formales. Sin embargo,
lejos de ser un problema que entorpezca el desarrollo cognitivo del individuo, Pagliarulo
nos dice que, de acuerdo a sus propias investigaciones de corte cualitativo, aquellos
individuos que no pueden alcanzar las operaciones formales, suelen alcanzar un grado
de abstracción mayor e incluso, seguir con la secuencia del desarrollo intelectual.
Además, su condición de adulto, compensa las operaciones formales no logradas, mediante
concepciones éticas, epistemológicas y operaciones post-formales[6].
Una de las principales ayudas con las que
cuenta el alumno adulto, es poder trabajar en un grupo ecléctico, donde con las
participaciones e ideas de todos, colaboran en la construcción de su propio conocimiento
y aprendizaje, como sucede con los adultos del Sistema Abierto, donde, a pesar de
reunirse un espacio mínimo de tiempo, la forma de trabajo genera la participación
de todos (o al menos de la mayoría) y permite el intercambio de opiniones.
[1]
Tivisay M. Guerrero Z. y Hazel C. Flores H. “Teorías del aprendizaje y la
instrucción en el diseño de materiales didácticos informáticos” en Educere: Revista venezolana de educación. Venezuela, Universidad de
los Andes, No. 45, Vol. 13, Año 13, Abril-Mayo-Junio, 2009. Pp 317-329.
[2]
Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia. “¿Qué es el
Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyEd)?” En línea, [http://distancia.cuaed.unam.mx/img/somos.pdf]consultado el 4 de marzo de 2013.
[3]
Artículo 43. Reformado el 28 de enero de 2011 en el Diario Oficial de la
Federación.
[4] MINISTERIO DE
EDUCACIÓN DE PERÚ. “Unidad 1. El Adulto y su formación Continua” en Compromiso de Maestro. Perú, Ministerio de Educación
de Perú - Programa de Formación en Servicio, 2004. Pp. 9,10.
[5] Elisabetta
Pagliarulo. “La Educación de adultos, hoy. Desafío para la Educación Superior”
en Congreso Latinoamericano de Educación Superior en el Siglo XXI. En línea. [http://conedsup.unsl.edu.ar/Download_trabajos/Trabajos/Eje_3_Intituciones_Comp
_Dif_Frag_Segm/Pagliarulo_Elizabetta.PDF]